Danae tenía 6 años, entró al hospital por un raspón y salió muerta

Argentina 19/09/2022 Por Mariano López Blasco para TN
Se había caído mientras andaba en rollers y murió 72 horas más tarde, víctima de un grave cuadro infeccioso.
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Danae Olguín tenía 6 años y vivía en Coronel Moldes, Córdoba. En los primeros días del año comenzó a sentir dolor en la pierna. Tenía un raspón en el muslo producto de una caída mientras andaba en rollers. Sus padres, Hugo y Karen, decidieron llevarla al hospital el miércoles 5 de enero. Imaginaban un control de rutina, una consulta que derivaría en un diagnóstico leve, en una receta de antibióticos.


La nena ingresó en el Hospital Tomás Ponsone con unas líneas de fiebre. Le hicieron un hisopado para COVID-19 que le dio positivo y la derivaron al Hospital San Antonio de Padua de Río Cuarto. Como un análisis de sangre había revelado que Danae tenía niveles elevados de glóbulos blancos -que ya eran síntoma de la presencia de una infección bacteriana-, a su familia le dijeron que en el segundo centro de salud iba a recibir una atención más adecuada. Allí, sin embargo, empezó la pesadilla.

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“Los médicos me dijeron que por el raspón se le había metido un virus intrahospilatario y que eso provocó la infección que dañó sus órganos”, cuenta Karen Baldobino a TN. En la madrugada del sábado 8 de enero, los padres de Danae recibieron la noticia de que su hija había muerto.

“El dolor inmenso que estamos pasando hace ocho meses fue por una cadena de negligencia. No me voy a cansar de decirlo: hubo un abandono total de persona y mala praxis. Mi nena entró con un raspón y me la devolvieron en una bolsa”, asegura la mamá, invadida por el dolor.

“Le inyectaban morfina y punto, nadie me llamó nunca”
Días más tarde, el Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial determinó que Danae fue víctima de un shock séptico que terminó apagando su corazón. Los abogados de la familia acudieron a una Junta Médica que concluyó que un tratamiento con antibióticos hubiera evitado la absurda muerte.

“Desde el principio debieron darle antibióticos para cortarle la infección. En Río Cuarto solo le daban calmantes. Le inyectaban morfina y punto. A mí nadie me llamó para avisarme ‘mirá, mamá, le vamos a poner esto, le estamos haciendo aquello’. Nunca me llamaron por teléfono”, detalla Karen.

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La irrupción de Ómicron durante el último verano provocó un aumento exponencial de casos. Como Karen y su hija habían sido diagnosticadas con coronavirus, no pudieron estar juntas en el Hospital de Río Cuarto. Danae pasó sus últimos días junto a Delia, su abuela materna.

“A mi mamá la maltrataban por reclamar atención para su nieta. Yo llamaba y no me daban respuesta: me decían que si había algo importante me lo iban a comunicar”, cuenta Karen.

La última vez que Karen habló con su hija fue el viernes 7: “Le dije que al día siguiente le iban a hacer un estudio (una tomografía) y tenía que estar fuerte. Me dijo que me amaba mucho y le respondí que la amaba mucho también”. Al caer la noche, Danae le pidió a su abuela Delia que se acostara junto a ella. Ambas se quedaron dormidas.

“Mi mamá se despertó porque sintió muy frío el cuerpo de Danae. Ahí se dio cuenta de que tenía los labios y los pies morados. Empezó a llamar a las enfermeras y a los médicos, y nadie iba a ver qué pasaba”, recuerda Karen.

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FUENTE: TN

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