Perder una mascota siempre duele más de lo que se piensa

Misión Animal 10 de febrero de 2020 Por
¿Cómo no vivir la muerte de nuestras mascotas como un hecho duro de la vida? ¿Cómo llevar adelante este duelo? ¿Qué decirles a nuestros niños?
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Los animales de compañía, dejaron de ser un objeto que deambula por la casa o por el jardín, para pasar a ser desde hace muchos años seres indispensables en las vidas de algunas personas, como por ejemplo los animales de asistencia, que brindan un servicio a personas con discapacidades; o simplemente un ser viviente con sentimientos y sensibilidad al que amamos.

Para quienes tenemos debilidad por los animales, esto no es ninguna novedad. Los que tenemos una mascota en casa conocemos bien el amor que profesan a todos los integrantes de la familia, como así también la dedicación que les brindamos a diario. Ya sea un perro, un gato, un pájaro o incluso un pez dentro de una pecera, todos tienen un lugar en nuestro corazón.

Es por eso que nos indignamos cuando vemos animales maltratados incluso por sus propios dueños, cuando ellos jamás tendrían un acto mezquino, egoísta o de maldad hacia quienes aman. ¡Qué triste es cuando vemos sufrir a un animal!

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El tiempo y el infortunio.

Debemos tener siempre en mente que los animales de compañía viven en promedio muchos años menos que un ser humano. Aproximadamente entre 10 y 15 años para un perro y otro tanto para los gatos. Pero a veces, un accidente acaba prematuramente con la vida de nuestra mascota y esto se convierte en un acto brutal que debemos aprender a llevar adelante y para eso necesitaremos tiempo y comprensión.

Una enfermedad nos permite prepararnospara el momento final, pero al mismo tiempo es traicionera, porque por mucho que nos hayamos dedicado a cuidarlos, muchas veces no logran superar la enfermedad y debemos enfrentarnos al difícil momento de su partida.

La incomprensión de los otros.

Sólo quienes tuvieron que vivir la pérdida de un animal de compañía, pueden entender el dolor que se siente cuando nuestros inseparables y leales amigos nos dejan.

Algunas de las cosas que escuchamos son: “no exageres”, “no es para tanto”, “sólo es un animal”. ¡Da rabia que no entiendan lo que estamos sufriendo!

Quienes creen que la pena que sentimos no se compara con la muerte de un ser querido, es porque nunca han logrado entender la relación estrecha y única que puede existir entre una persona y su mascota. Sin embargo, hasta la ciencia lo ha aprobado.

Según un estudio realizado en el año 2015 por investigadores de la Universidad Central de Lancashire, en el Reino Unido, podría ser tan duro e incluso más difícil de superar que la pérdida de un ser querido. Estas investigaciones prueban que las personas podemos sentir una pena y una tristeza sinceras y que vivimos un proceso de duelo, a veces muy difícil de sobrellevar en las mismas circunstancias.

De acuerdo a este estudio, podemos deducir que los lazos que las personas pueden establecer con sus mascotas, son muy parecidas a las que podemos establecer con otras personas. De esta manera, en el cerebro se liberan las mismas hormonas y sustancias químicas que generan la sensación de amar, de ser amado o de sentir una conexión fuerte y potente.

En resumen, luego de años de vida en común, nuestras mascotas se convierten en miembros de la familia y lo que sentimos por ellos no es muy distinto de los sentimientos que despiertan nuestros padres o nuestros hermanos, por ejemplo.

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¿Cómo explicarles este hecho doloroso a los niños?

Si se llama Paco, Sultán o Candy, o que sea un perro, un gato o un hámster; poco importa porque es un ser viviente al que queremos y que nuestros niños adoran. Su muerte puede convertirse en un verdadero drama en la vida de nuestros hijos y una pérdida difícil de superar para nosotros como adultos. Probablemente esta sea una de las primeras experiencias de duelo para los niños y es importante saber cómo manejar la situación.

La primera regla que debemos aplicar a cualquier edad es, decir la verdad. Los niños se sentirán afectados según qué tan unidos estuvieran con la mascota. Es importante aceptar reacciones como el enojo o el llanto aunque “sólo sea un animal”, como muchos podrían expresar. Es absolutamente normal sentirse triste.

No sirve de nada ocultarles a los niños la muerte de las mascotas. No podemos apartarlos de los hechos naturales de la vida. Los adultos siguen siendo modelos para los niños y si te ven llorar, esto les permitirá a su vez poder expresar sus propias emociones.

Hasta los seis años, se sugiere brindar explicaciones simples y concretas. No te excedas a la hora de responder más allá de lo que el niño ha preguntado. Para niños más grandes, se acepta que vean a la mascota si desean hacerlo, pero sin imponer nada. Ver a su mascota sin vida ayudará a aceptar la situación y la realidad de la pérdida definitiva.

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Tampoco creamos que no hablar del tema hará que la pena sea menor. Hablar de la muerte en general es sano. En los días sucesivos, es normal que nos encontremos un poco perdidos y nos parezca que escuchamos el ladrido un maullido de nuestra mascota. No te sorprendas si esto te sucede o le sucede a tu hijo. En este caso, bríndale confianza y seguridad hablando del tema.

Ver a nuestros niños sufrir, es una de las cosas más terribles que nos pueden pasar como padres y buscamos por todos los medios aliviar el dolor a como dé lugar; pero no debemos caer en el error de creer que un ser querido se reemplaza por otro. Todos somos irremplazables. El momento de reemplazar a nuestra mascota por otra vendrá con el tiempo. Dejemos que la pena y el dolor se decanten y que la ausencia de nuestra mascota sea tolerable. El duelo es un proceso complejo, individual y que sólo el tiempo puede aliviar.

Fuente: saludable.guru

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