
Te contamos la historia de la perrita que pasa los días mirando la puerta en donde la abandonaron
"Toda su obsesión es mirar hacia fuera", dice Juan Martín, que ahora le busca una nueva familia. Hacé click en la nota para conocer la historia
Un perro sin raza que tiene entre sus patas a un gato es el símbolo en homenaje a los animales abandonados que está presente desde marzo de 2010 en el paseo marítimo de Moaña (Pontevedra). La particularidad de esta estatua, que no tuvo coste alguno porque la piedra la donó una cantera local y una artista de Marín (Carmen Grandal, "Kika") la talló gratis, es que fue el primer monumento de este tipo existente en España y en Europa, y el segundo del mundo tras la ciudad rusa de Kemerovo (situada en Asia). El objetivo principal es concienciar sobre el abandono animal.
El alma de la iniciativa fue Lela Soage, la creadora de la Protectora de Animales de O Morrazo (la única de la comarca), que desgraciadamente falleció en agosto del año pasado pero dejó huella entre los que le conocían con su gran legado solidario y su larga sombra será imposible de olvidar con el paso del tiempo.
Al recuerdo de esta mujer ilustre que hizo tanto por los animales se dedica la Asociación de Animación Sociocultural y Turística Illa dos Ratos, que no tiene ánimo de lucro y promueve rutas y actividades para dinamizar y diversificar la oferta sociocultural y turística en la comarca del Morrazo y su entorno.
Rescatando animales desde 1980
Entre las actividades, que organizan, destaca la realización de rutas en las que está incluida esta pionera estatua y cuentan la historia de Lela. La definen como una mujer "que decidió dedicar parte de su tiempo a su vocación frustrada de ayudar a la gran cantidad de perros que por circunstancias llevaban una penosa vida en las calles".
Según fuentes de la asociación, en 1980 Soage comenzó acogiendo perros en su propia casa, pero en el momento que vio que no era viable continuar así su labor realizó las gestiones pertinentes para que el ayuntamiento de Moaña le cediera las instalaciones de una antigua granja que estaba en unos terrenos de titularidad municipal en una zona bastante aislada como era la de Broullón (y en la que se ubica actualmente la protectora de O Morrazo).
"Lela sabía que tenía muy pocos medios pero con mucha voluntad e implicación fue consiguiendo sacar adelante un proyecto en el que ella creía ciegamente. A pesar de ser una persona humilde, incluso puso dinero de su bolsillo para sufragar gran parte de los gastos", detallan desde a llla dos Ratos. A su vez, destacan que la mujer realizaba en esta época un trabajo diario "muy duro y físicamente exigente" debido a que los baldeos de los caniles obligaban a realizar innumerables viajes acarreando cubos de agua a mano (ahora la protectora cuenta con un pozo de agua y un depósito del que pueden usar agua con una manguera) y no había luz en el lugar.
A su vez, las instalaciones tenían inicialmente capacidad para 60 animales pero "siempre se superaba esta cantidad llegando a acoger algunas veces más de 150 perros". En este sentido, a pesar del trabajo incansable de Lela, el recinto dispone de suministro eléctrico pero "con poca potencia y con una instalación tan precaria que en invierno las trabajadoras tienen que bajar al Broullón para acceder al cuadro general y retomar el suministro", reconocen fuentes de la asociación.
Tiempo después, un lluvioso día de 2010, Soage cumplió su empeño de que la escultura fuese una realidad. "Este un acto debe servir para concienciar a la gente de que el abandono también es uno maltrato y tenemos que conseguir acabar con estas prácticas porque los animales también tienen derechos", afirmó tajante Lela el día de la inauguración, a lo que el alcalde en aquel momento, Xosé Manuel Millán, le respondió que "desde hace mucho tiempo todos teníamos en el corazón La necesidad de agradecerte esta labor y esta estatua habría que hacértela a ti".
Todo empeoró para esta férrea defensora de los animales en 2014, cuando tuvo un accidente doméstico en su casa que afectó a su salud, pero durante su larga convalecencia, miembros de la asociación recuerdan que Lela acudió a ver a los animales de la protectora en silla de ruedas ayudada por sus cuidadoras. Un empeño que se debía a que ella consideraba las instalaciones y los animales que allí estaban como "un hijo más". Tras varios años en los que empeoró su estado vital, finalmente su luz se apagó el pasado 17 de agosto de 2019, pero su amado proyecto está más vivo que nunca.
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