Los adolescentes argentinos sufren altos niveles de jet lag social debido al horario escolar

Argentina 10 de febrero de 2020 Por
Este efecto se produce cuando los horarios de sueño del fin de semana o de los días libres son muy diferentes a los de los días de clase. Los alumnos de quinto año son los más afectados.
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Según informó el portal de noticias ÁMBITO FINANCIERO, no hace falta viajar a lugares recónditos del mundo para que el cuerpo entre en ese incómodo estado llamado jet lag, una mezcla de mareo con horarios de sueño y apetito cambiados: todos estamos expuestos al jet lag social, que se produce cuando los horarios de sueño del fin de semana -o de los días libres- son muy diferentes a los horarios de los días laborales. Esa interrupción en los patrones naturales del sueño puede repercutir en la salud de diversas formas, provocando desde mal humor o menor rendimiento académico y cognitivo hasta enfermedades cardíacas u obesidad.

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Un equipo de investigadores del CONICET liderados por la neurocientífica María Juliana Leone comprobó que los adolescentes argentinos que concurren al turno mañana de la escuela secundaria son quienes más perjudicados se ven con este estado, y padecen hasta cuatro horas de jet lag social, lo que puede resultar nocivo para su proceso de aprendizaje. El trabajo acaba de publicarse en la revista Nature Human Behaviour.

“El sueño está subestimado, y en la adolescencia es fundamental”, advierte Leone, que trabaja en el Laboratorio de Cronobiología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y en el Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). El cronotipo, explica la científica, es el horario biológico interno de una persona, que está regulado por un reloj que se aloja en el cerebro, y va cambiando con la edad. En la madurez las personas tienden a levantarse más temprano, pero en el caso de los adolescentes, su cronotipo tiende a ser más nocturno, es decir que naturalmente se duermen más tarde.

De hecho, biológicamente, el momento de mayor vespertinidad se da al final de la adolescencia, alrededor de los veinte años. Por esa razón, también deberían levantarse más tarde, ya que de esa forma lograrían cubrir el período de sueño que recomiendan los organismos de salud mundial, que sugieren que los adolescentes deben dormir entre ocho y diez horas. Sin embargo, la escuela suele iniciar el turno matutino antes de las ocho de la mañana, lo que en muchos casos provoca que se les acorte el período de sueño. Con esos datos sobre la mesa, los científicos pusieron la lupa en la interacción entre el cronotipo de los adolescentes y el horario escolar, para intentar examinar cómo influye esa interacción en su rendimiento académico.

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Fuente: ámbito financiero

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