El ambientalista en el tejado. La revolución de los techos verdes

Argentina 01 de julio de 2019 Por
Quizás la respuesta a los problemas climáticos en las grandes ciudades esté justo sobre nuestras cabezas
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Reducido a escombros, por estos días el demolido Elefante Blanco de Ciudad Oculta le deja lugar a una nueva especie en la fauna porteña: el Elefante Verde. En Villa Lugano avanza la construcción de la nueva sede del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño con un rasgo distintivo: un gigantesco techo de pasto de 3.000 metros cuadrados cubrirá su terraza.

Si, como proyecta las Naciones Unidas, para 2050 dos de cada tres personas viviremos en grandes ciudades, pensar en nuevas formas de ganar superficies verdes en la jungla de cemento suena como un interesante desafío para los encargados de diseñar las urbes del futuro. Al respecto, no son pocos los que creen que la respuesta a nuestros problemas ambientales podría estar justo sobre nuestras cabezas.

¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de techos verdes? Se trata de tecnologías sustentables que permiten sembrar pasto, vegetales y hasta árboles sobre las membranas de los edificios. Además de sus encantos paisajísticos, estos jardines aéreos son aislantes naturales que combaten el efecto "isla de calor", ese fenómeno que genera que las temperaturas mínimas sean sensiblemente más altas en el cemento urbano. Y que en verano transpiremos ante la sola idea de tener que ir al Microcentro. "Una cubierta verde de 15 centímetros de sustrato es una cámara de aislante térmico, Puede bajar hasta 5 grados la temperatura en verano y retener el calor en invierno", explica Martín Otero, de Tout Vert, una empresa que se dedica a instalar techos verdes en Buenos Aires. También retienen hasta un 70% el agua de lluvia, lo que reduce el peligro de inundaciones de calles acostumbradas a postales venecianas en días de tormenta. Y, por supuesto, mejoran la calidad del aire que respiramos, en ciudades donde las emisiones de CO2 superan por mucho los máximos recomendados.

Para Carlos Placitelli, consultor con 20 años de experiencia en bio-construcción, la irrupción de espacios verdes en medio del cemento genera además una mejoría en el estado de ánimo. "Por más que nos empeñemos en negarlo, todos tenemos un vínculo con la naturaleza. Y este se renueva cuando transitamos un espacio verde".

En la vereda de enfrente, los críticos señalan que todavía es una tecnología cara. Y que quien logre pagarla luego deberá ocuparse de su mantenimiento. Dos argumentos relativamente endebles si consideramos los precios de las tarifas energéticas -un techo verde puede reducir hasta un 30% los gastos en climatización- y si tomamos por válido aquel proverbio chino que reza: "Si querés ser feliz, sé jardinero".

"El otro gran miedo es que se genere humedad. Pero justamente lo que logra un techo verde es erradicar ese problema, siempre y cuando se usen los materiales adecuados", agrega Otero.

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Fuente: La Nación

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