Qué son los bancos rojos y por qué hay ya 300 en las plazas del país

Argentina 12 de enero de 2019 Por
La iniciativa comenzó en Italia y desde 2017 no para de crecer en Argentina.
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Se los ha llamado de diversas formas: homenajes, altares urbanos, monumentos. Y lo cierto es que no hay nada negativo en que cada uno los llame como quiera, pero Elisa Mottini, especialista en violencia familiar y coordinadora de la Campaña del Banco Rojo en Argentina, explica que esas definiciones son algo incompletas.

Ya son unos 300 los bancos rojos en el país. Están en plazas o espacios públicos, y la mayoría lleva escrita la frase: "En memoria de todas las mujeres asesinadas por quienes decían 'amarlas'".

La cifra impresiona si se tiene en cuenta que hace menos de un año, en marzo, apenas había 17 en distintos puntos de la Argentina.

Se trata de una campaña que nació en Lomello, una pequeña ciudad del noroeste de Italia, en 2016, y que Mottini conoció casi de casualidad un año más tarde durante una visita a Galliavola, un pueblo vecino de unos 300 habitantes que fue la cuna de su abuela.

En búsqueda de sus orígenes, Mottini había investigado durante años para dar con aquella comuna. Cuando la encontró, no solo planificó la visita, sino que se contactó con las autoridades locales. Quería saber todo de esa tierra, cuyo nombre no recordaba, pero sí algunas historias que su abuela le había contado cuando era pequeña.

El viaje, sin embargo, dio un giro. "No encontré familiares, pero conocí a Tina Magenta", cuenta. Se refiere a una activista y bibliotecaria local, dueña de la iniciativa de transformar los bancos rojos en una manera de sensibilizar sobre los femicidios y problemática de la violencia de género.

"Me aparecí una mañana en la municipalidad y me recibió Loredana Longo, una síndica del lugar. Después de tomar fotos de registros antiguos nos quedamos conversando y cuando se enteró de mi profesión me dijo que tenía que conocer el proyecto 'Panchina Rossa'", explica. Al tiempo Longo le presentó a la activista.

Magenta había inaugurado el primer banco rojo en 2016, en la avenida Piazza della Repubblica, una de las arterias principales de su ciudad.

Eligió la frase "In memoria di tutte le donne morte per mano di chi diceva di amarle", que luego Mottini tradujo al español, en referencia a las estadísticas globales, que indican que el 38% de los homicidios a mujeres son perpetrados por sus parejas.

Y eligió el rojo porque es el color de la sangre, pero también porque guarda intertextualidad con otra manifestación simbólica contra los femicidios: la instalación de zapatos rojos que la artista Elina Chauvet realizó en 2009 en Ciudad Juárez, esa localidad de México fronteriza con Estados Unidos que la antropóloga Rita Segato describió como "el escenario del mayor y más prolongado número de ataques y asesinatos de mujeres con modus operandi del que se tiene noticia en ‘tiempos de paz’".

Al regreso de su viaje, en noviembre de 2017, Mottini inauguró el primer banco rojo en Argentina en el Hospital Álvarez, en Flores, donde desde hace 10 años integra el Comité de Violencia, que asiste a mujeres que están transitando o saliendo de situaciones de violencia familiar, junto a los padres de Wanda Taddei, asesinada por el ex baterista de Callejeros en uno de los crímenes a partir de los que la prensa empezó a hablar con frecuencia de "femicidio" y se visualizó la problemática de la violencia de género en el país en la primera década de los 2000.

Un mes después firmó un compromiso con los Stati Generali delle Donne, una entidad que lucha por los derechos de las mujeres en distintos ámbitos de la comunidad italiana y que contribuye a articular las acciones de "La Panchina Rossa", para administrar y difundir la campaña en Argentina y en América latina.

Mottini señala que los bancos rojos son más que homenajes o recordatorios porque su colocación es la última instancia de un camino más profundo. La iniciativa consiste en la promoción de actividades que involucren a la comunidad. Esto significa elegir un lugar, pensar una frase e incluir en la inauguración actividades que atraigan a los vecinos y ayuden a reflexionar sobre la violencia.

Así, por ejemplo, en la instalación del primero participaron pacientes del hospital, estudiantes, y un colectivo de arte de mujeres que intervino el banco y leyó poemas.

A su vez, en Almirante Brown, en la plaza Eva Perón, chicos de escuelas de la zona se encargaron de pintarlo y, además, eligieron la frase, que entre idas y vueltas fue "Vivas y libres nos queremos". "El contenido de la leyenda tiene que promover la prevención, concientizar o llamar a la reflexión", explica Mottini.

¿Quiénes pueden proponer la instalación de un banco rojo?

No hay restricciones, pero Elisa recomienda que sean grupos o instituciones como organizaciones comunitarias o escuelas, que inviten a una mayor participación

"La idea es que la comunidad sienta están haciendo algo. Esto produce una transformación interna y, a veces, uno llega a reconocerse en situaciones donde puede estar ejerciendo violencia de una u otra manera, incluso de manera muy sutil", indica.

La campaña busca generar consciencia en un país como la Argentina, en el que una mujer es asesinada cada 30 horas en medio de vínculos atravesados por la violencia de género, según el último informe anual del Defensor del Pueblo (2017), y en el que entre enero y noviembre de 2018 hubo 251 víctimas de femicidio, en promedio 22 por mes.

Hay bancos instalados tanto en Buenos Aires como, entre otras provincias, en Jujuy, Salta, Tucumán, Corrientes, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, donde en octubre del año pasado fue sancionada una ley que promueve "la colocación de un banco pintado de rojo" en espacios públicos de jurisdicción provincial.

Algo similar ocurrió en diciembre de 2018, el mismo mes (y la misma semana) que Thelma Fardín hizo pública su denuncia contra Juan Darthés por haberla violado, cuando ingresó al Senado nacional un proyecto para convertir la campaña en ley.

Mottini prefiere tomar distancia de esas iniciativas, que tal vez –dice– remiten a oportunismo. "Es un error que se busque imponer el proyecto desde arriba. Nosotros creemos que la transformación viene desde la comunidad, cuando se involucra con la iniciativa a partir de un interés genuino, no forzado", opina.

"Por eso más que los bancos contamos la cantidad de gente que se involucró. Son unas 25.000 personas las que participaron en las inauguraciones, con intervenciones en los bancos".

Fuente: Clarín