Protestas: Hasta dónde pueden cambiar a las sociedades

Opinión 04 de noviembre de 2019 Por
La ola de manifestaciones que se expande por el mundo este año podría tener efectos similares alos de otros procesos históricos; la desigualdad, uno de los ejes centrales de los reclamos
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En 1840, el filósofo francés Alexis de Tocqueville escribía: "Casi todas las revoluciones que cambiaron la cara de los pueblos nacieron para consagrar o para destruir la desigualdad. Si se dejan de lado las causas secundarias que produjeron las grandes agitaciones de la humanidad, siempre se llega a la desigualdad. Son los pobres que quisieron despojar de sus bienes a los ricos. O los ricos que intentaron encadenar a los pobres. Por esa razón, si alguien es capaz de fundar una sociedad donde cada uno tenga algo para conservar y poco para arrebatar, habrá hecho mucho por la paz del mundo".

Más de un siglo y medio después, esa reflexión conserva toda su vigencia. De Hong Kong a El Cairo, de Santiago a Argel, de París a Moscú, basta una pequeña chispa para encender violentas olas de protesta que desestabilizan gobiernos democráticos y regímenes autoritarios. Pero ¿acaso esas "revoluciones" sirven para cambiar en forma duradera una sociedad?

Es grande la tentación de caer en el cinismo y repetir la célebre frase de Giuseppe Tomasi de Lampedusa en El Gatopardo: "Es necesario que todo cambie, para que todo siga como siempre".

La historia, sin embargo, parece demostrar lo contrario.

En el mes de mayo de 1968, Francia fue violentamente sacudida por un inesperado y masivo movimiento de agitación estudiantil y salvajes huelgas generales. Iniciada por los estudiantes parisinos, la protesta ganó como reguero de pólvora el mundo obrero y la mayor parte del territorio nacional, transformándose en uno de los movimientos sociales más importantes de Francia en el siglo XX.

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Fuente: La Nación

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