Una guerra en Ucrania sería distinta a todas las que hemos visto

Opinión 23/02/2022 Por David Leonhardt para THE NEW YORK TIMES
Una invasión rusa a Ucrania sería diferente a la mayoría de los conflictos desde la Segunda Guerra
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Ha habido docenas de guerras en los casi 80 años transcurridos desde que terminó la Segunda Guerra Mundial. Pero si Rusia invade Ucrania a gran escala en los próximos días, será diferente a casi todas ellas. Será otra señal de que el mundo puede estar entrando en una alarmante nueva era en la que el autoritarismo está en alza.

Aquí están las dos motivos principales por los que una guerra en Ucrania sería distinta:

1. Dominio regional
Una invasión rusa de Ucrania probablemente implicará que uno de los mayores ejércitos del mundo lance una invasión terrestre no provocada de un país vecino. El objetivo aparente sería una expansión del dominio regional, ya sea mediante la anexión o el establecimiento de un gobierno títere.

Pocos conflictos desde la Segunda Guerra Mundial se ajustan a esta descripción. Algunas de las analogías más cercanas son la invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética en la década de 1970, Checoslovaquia en la década de 1960 y Hungría en la década de 1950, así como la anexión de Crimea por parte de Vladimir Putin en 2014. Estados Unidos, por su parte, invadió Panamá en la década de 1980 y utilizó a la CIA para derrocar a un gobierno elegido en Guatemala en la década de 1950. Por supuesto, también lanzó varias guerras lejanas, en Irak, Vietnam y otros lugares.

Pero los países más poderosos del mundo rara vez han utilizado la fuerza para ampliar sus fronteras o crear Estados clientes en su región. Por el contrario, en general han respetado los tratados y las normas internacionales establecidas en la década de 1940. La frase “Pax Americana” describe esta estabilidad.

La relativa paz ha tenido enormes beneficios. El nivel de vida ha aumentado, y la gente tiene una vida más larga, más sana y más cómoda que sus antepasados. En las últimas décadas, los mayores avances se han producido en los países con menores ingresos. El descenso de las guerras ha desempeñado un papel fundamental: A principios de este siglo, la tasa de muertes en conflictos armados había caído al nivel más bajo de la historia, como han señalado Joshua Goldstein, Steven Pinker y otros académicos.

Una invasión rusa de Ucrania se parecería al tipo de guerra que ha estado ausente en los últimos 80 años y que alguna vez fue común. Se trataría de una nación poderosa que se propone ampliar su dominio regional apoderándose de un vecino. Una guerra como ésta -una guerra de agresión voluntaria- sería una señal de que Putin cree que la Pax Americana ha terminado y que Estados Unidos, la Unión Europea y sus aliados se han vuelto demasiado débiles para exigir consecuencias dolorosas.

Como ha escrito Anne Applebaum en The Atlantic, Putin y su círculo íntimo forman parte de una nueva raza de autócratas, junto con los gobernantes de China, Irán y Venezuela: “gente que no está interesada en tratados y documentos, gente que sólo respeta el poder duro”.

Por eso, para muchos taiwaneses la situación en Ucrania es escalofriante, como han explicado mis colegas del New York Times Steven Lee Myers y Amy Qin. “Si las potencias occidentales no responden a Rusia, envalentonan el pensamiento chino respecto a la acción sobre Taiwán”, dijo Lai I-chung, un funcionario taiwanés vinculado a sus dirigentes. Si el mundo está entrando en una era en la que los países vuelven a tomar decisiones basadas, sobre todo, en lo que su poder militar les permite hacer, sería un gran cambio.

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Fuente: La Nación // The New York Times

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